Sobre la muerte

Aceptar la muerte es difícil. Todos tenemos miedo a la muerte, y tememos tanto de morir como de que nuestros seres queridos, amigos, mascotas, ídolos musicales, actores favoritos, etc. mueran. Ya lo vivió incluso un país entero con la muerte de Juan Gabriel el año pasado, y fue hasta caótico pues nadie se lo esperaba, una desagradable sorpresa para chicos y grandes. Y ya ni quiero recordar todos los famosos que perecieron; sin duda, 2016 fue un año bastante fúnebre.

Personalmente a mí me sensibiliza mucho el tema de la muerte. La primera interacción que tuve con ella de forma seria (por decirlo de alguna forma, pues ya he sufrido también muertes de mascotas muy queridas) fue a los 8 años, cuando una pequeñita de apenas 2 años, hija de un primo recién casado y que era la adoración de la familia entera, murió por negligencia médica; siendo un niño, tuve que ver llorar a prácticamente todos los miembros de mi familia materna. 2 años después, murió el primogénito de una hermana de mi padre, a los 3 años de edad. Luego, cuando yo tenía 13, atestigüé la muerte de mis abuelos maternos en el mismo año, en un lapso de 8 meses entre cada fallecimiento. Era joven e inmaduro y no asimilé la magnitud del asunto hasta tiempo después, cuando se empezó a resentir la ausencia de los pilares de la casa de mi familia materna, la cual se ha ido cayendo poco a poco a pedazos (no literalmente).

Para 2007, un tío murió a sus 55 años, un paro cardiaco fulminante terminó con su vida, de forma sorpresiva. Yo no podía creer que un hombre fuerte, galante y lleno de vida como él hubiera muerto, hasta apenas un par de semanas antes había convivido con él.

En 2009, falleció otro tío con el cual no tuve acercamiento alguno, yo le era indiferente y él a mí, pero sucede que con su hijo, mi primo, sí tenía y tengo una estrecha relación desde niños. Ambos formamos una banda y en ese año precisamente estábamos haciendo buenas cosas, pero la muerte de su padre vino a empañar el momento, por así decirlo. Y me pegó mucho no tanto por el señor finado, sino por ver a mi primo y sus hermanos sentir y llorar la repentina muerte de su padre, pues fue de forma totalmente inesperada. En esos entonces yo estaba en México y mis padres en Estados Unidos, y los extrañé más que nunca, fue una mezcla de miedo y melancolía que me tuvo mal algunas semanas.

En 2015 murió un primo a sus casi cuarenta años, demasiado joven. Las causas de su fallecimiento aún no me quedan claras, pero básicamente una rara enfermedad lo vino consumiendo desde hace tiempo hasta provocar su muerte. Me atacaron los recuerdos de cuando yo era niño y él ya un joven, todo lo que me enseñó, para bien y para mal.
Y hace apenas semana y media, la madre de ese primo, hermana de mi madre y con quien tuve una relación también muy cercana desde que tengo memoria, ha muerto. Ella tenía ya muchos años luchando con diabetes y ceguera, pero al final perdió la batalla a sus 75 años. Su deceso me está pegando fuerte pues si bien sabíamos que su salud se estaba deteriorando mucho, sus últimos meses de vida no fueron gratos. Sus hijos, que más bien son unos hijos de la chingada, no la procuraron ni le dieron las mejores condiciones en la última etapa de su vida, sino todo lo contrario. Y daría muchos detalles pero realmente esos son problemas ya delicados y personales de los que no se tiene que hablar públicamente, pero en resúmen: se pasaron de pendejos y de ojetes.
Por eso, además de estar triste, estoy muy molesto con la situación, y con ellos. No son personas con los que me relacione mucho, pero creo que así es mejor, porque está cabrón saber que en tu familia hay gente así de mierda hasta con sus propios padres, es por eso que procuro estar lejos de ellos. Pero no faltará la ocasión que les tire toda esa mierda que han hecho en la cara.

Pero volviendo al tema principal, como ya dije, la muerte me pone sensible. Me es realmente difícil aceptar que no volveré a ver a personas que quise mucho y a las que estaba muy acostumbrado. Para el que crea en otra vida y cosas de ese tipo queda ser optimista y pensar que algún día nos reencontraremos con nuestros seres queridos que ya no están aquí, pero la verdad es que yo no soy tan creyente, aunque mantengo la esperanza de que al morir hay algo más, otras veces francamente lo dudo.

Y es que a mí no me da tanto miedo morir, pero sí el ver morir a mi familia. Dice mi padre “un hijo está para enterrar a sus padres“, pero creo que no estoy preparado aún para ese momento (nadie lo está, de hecho) y temo derrumbarme para cuando eso suceda, si es que sucede (uno nunca sabe y podría morir antes que sus propios padres). Espero que falten muchísimos años para eso.

 

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