Ayotzinapa y sus consecuencias

Y bien, no quería meterme tanto en la política porque no es un tema que domino ni del que me guste tanto hablar, pero creo que en esta ocasión voy a hacerlo más que nada porque quiero ser uno más de los que dan su opinión, y porque a veces tanta estupidez en relación a determinados temas es exasperante, entonces me es necesario opinar respecto a eso para tratar de contrarrestar dichas tonterías.

Ayer leí la opinión de un tal @ejlodena en relación al caso más sonado en México en estos días, los 43 estudiantes desaparecidos en el municipio de Ayotzinapa, Guerrero (link a la referencia: http://t.co/A6GREPm0oE). Está de más decir que lo que opino de este “artículo” es que simplemente está muy cargado a favor de un solo partido, el que está en el poder presidencial de la república mexicana. Destaco que eso no tiene nada de malo, las preferencias políticas de las personas ni me van ni me vienen; sin embargo, también me da la sensación de ser muy pretencioso, insinuando que en México todo va de maravilla, en perfecta armonía y que los protestantes solo son simples pelados que vienen a romper la paz del país… Nada más alejado de la realidad.

Si bien es cierto que detrás de protestas, exigencias, marchas, paros y demás acciones que mucha gente (la mayoría de veces acarreada) siempre han habido y habrán intereses políticos que buscan sacar provecho de la situación (como buenas aves de rapiña), no podemos ignorar de ninguna forma que en México hay problemas enormes que de un momento a otro han empezado a agudizarse todavía más. Hablamos de la tremenda violencia que se está viviendo en estados como Michoacán, y en este caso, Guerrero, lugares que son totalmente dominados por el crimen organizado y el narcotráfico. Alguien dirá “ajá, eso ya lo sabemos, ¿y?” pero la diferencia es que muchas veces no saben ni entienden la magnitud del problema. Nos atrevemos a opinar solo por lo que percibimos tanto de la televisión como de los medios de comunicación como internet y las redes sociales, pero ni siquiera sabemos la experiencia de gente que vive ahí, que ha pasado por eso y que sabe qué tan grave es lo que está sucediendo; he tenido la oportunidad de hablar en persona con gente que vive en los estados bajo el dominio del narco, y las anécdotas que me contaron tanto de sus terribles vivencias como las de sus familiares y conocidos simplemente me dejaron anonadado y moviendo la cabeza de perplejidad (y eso que no soy tan fácil de impresionar).

Ahora, no estoy diciendo que estoy a favor de que una bola de cabrones revoltosos, como dije antes, casi siempre movidos por partidos que buscan alborotar el gallinero a base de violencia, se levanten a saquear tiendas, profanar edificios, y en resumen, hacer una serie de desmanes que son inaceptables en México y cualquier otra parte del mundo, pero a estas personas se les debe castigar conforme lo dicta la ley, con mano firme y autoridad, no con autoritarismo, imposición por medio de violencia y mucho menos con secuestro, desaparición y muerte.

Es simplemente inadmisible que la policía y el ejército, la primera organización supuestamente formada para proteger y servir y la segunda para salvaguardar la seguridad y los intereses de la nación, estén formados por una bola de cerdos que ni siquiera terminaron la primaria en muchos casos, que no saben nada de cultura ni tienen educación alguna, y que cuando se supone que deben hacer sentir segura a la gente sea todo lo contrario. El enemigo es el crimen organizado y se debería luchar en conjunto para tratar de erradicarlo, pero lamentablemente en nuestro país los criminales han ganado tanto poder, que han convertido a dichas organizaciones en sus perras fieles, a quienes les truenan los dedos y corren a hacerles cualquier tipo de tareas como cuidar sus plantíos de droga, salvaguardar a sus cabezas grandes o en este caso, suprimir a una bola de protestantes que estaban haciendo ver mal sus comunidades sumidas en la corrupción a favor de unos cuantos.

Habrá gente que seguramente me llamará chairo (palabrita muy de moda en Twitter, por ejemplo), por mi postura, mi opinión o simplemente por chingar, y realmente no lo soy. Entiendo como “chairo” a aquel que está inconforme con su gobierno, con su estatus social y busca cualquier forma para expresar dicha inconformidad, sin mencionar que tiene cierta tendencia a apoyar a partidos de izquierda u organizaciones y poderes fácticos que dicen estar en contra del “neo-liberalismo”, como le llaman ellos. Para empezar, ni radico en México, estoy conforme y satisfecho con mi situación económica y social, y no apoyo a ningún partido político ni organización.

La razón de estar opinando es que no se puede ser tan ciego, ni tan ignorante ni tan terco como para no aceptar que en México las cosas están mal, y se están poniendo peor. La gente pobre se vuelve más pobre, la clase media va en camino a ser pobre (y es la mayoría), y esos que en teoría son ricos o se vuelven más ricos (sólo unos cuantos) o bajan a ser clase-medieros. Pero más allá de la situación económica, está la inseguridad que se vive en el país. Es preocupante que al pobre o al de clase media lo asalte cualquier vago drogado valiéndose de una arma para despojarlo de sus pocas pertenencias y dinero, mientras que el rico sea asediado por sólidas organizaciones de secuestradores que saben exactamente como, donde y a qué hora ejecutar su crimen, ¿gracias a quienes? Sí, a gente de la policía que está involucrada en mencionados grupos delictivos.

Se nos hace fácil llevar la contraria y pretender que en México “no pasa nada”, decir “a mí me va bien porque yo sí voy a estudiar o trabajar puntualmente”, “no me ando en chingaderas como marchas o protestas”, “gano lo suficiente y no sufro carencias”, “yo sí terminé la universidad y gracias a eso tengo estatus social y económico”, y déjenme decirles que tienen razón, en parte… Hasta que les secuestran, o peor aún, les matan a un familiar, y ahí sí se indignan, exigen a las deficientes y mediocres autoridades que se actúe rápido, que se haga justicia pronto y como esto no sucede, entonces ya se dan cuenta de la realidad en la que el país está hundido. Sólo hay que recordar que nadie es intocable, ni en México ni en ningún lugar del mundo estamos exentos a que nos suceda esto, que no es necesario salir a marchar ni hacérsela de pedo al gobierno para que te den un disparo, te claven una navaja o sencillamente te desaparezcan, pero lo que es cierto en que en la república mexicana ya es un problema que se está saliendo de control, si es que alguna vez estuvo bajo control.

No, no existen revolucionarios reales en México, ni los habrá (al menos por un buen tiempo). Como ya mencioné, de un lado solo hay payasos sedientos de poder que aprovechan estos hechos para alborotar a su gente y sacar el mejor partido de ello, ganando adeptos solo porque el pueblo está hambriado y sediento de justicia, equidad, armonía y seguridad, y que tristemente no lo van a conseguir; y del otro lado encontramos a partidos políticos que se ganaron la fama de autoritarios, violentos, corruptos y rateros a través de los años, y que ahora se suman más adjetivos su “brillante portafolio”: ineptos, blandengues e incultos.

Esa es la realidad en México. Al final, este caso de los 43 desaparecidos se archivará como un capítulo más a la tristemente célebre historia del país, como muchos otros. No se hará justicia, no se moverá ni un dedo, no se logrará nada. Y si me preguntan, yo creo que ya están muertos.

Un país tan dividido no puede lograr cambios, unos seguirán marchando y haciendo desmanes, obedeciendo instrucciones y creyéndose rebeldes y caudillos mientras otros agacharán la cabeza o la voltearán a otro lado ignorando los hechos reales. Los ricos y clase-medieros seguirán marginando a los pobres, despreciándolos, discriminándolos o exhibiéndolos con chistes y bromas crueles y los pobres seguirán tomándole odio a los ricos por esto. Eso sí, se seguirán atacando entre ambos lados llamándose “chairos” y “anti-chairos” o hasta “derechairos”, sin lograr nada más que dejar que el país siga sumido en la violencia, y que el narco y el crimen llegue a controlarlo por completo algún día.

Ni modo.

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